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Antonio de la Cerda y Aragon

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Antonio de la Cerda fue nombrado virrey de la Nueva España el 30 de noviembre de 1680. Tuvo de inmediato noticia del levantamiento de los indios de Nuevo México

Antonio de la Cerda fue nombrado virrey de la Nueva España el 30 de noviembre de 1680. Tuvo de inmediato noticia del levantamiento de los indios de Nuevo México que asesinaron a colonos, soldados y misioneros, obligando a los sobrevivientes a abandonar Santa Fe que era la capital de aquel territorio, para refugiarse en Paso del Norte. El virrey movió fuerzas de caballería de la Nueva Vizcaya para perseguir a los 25,000 indios que estaban en armas pero que bien se cuidaron de presentar batalla, por lo que no se obtuvo un buen resultado. Se repobló Santa Fe con nuevos contingentes de colonos españoles y mestizos, quienes recibieron tierras para su cultivo, y se aumentaron las guarniciones para dar seguridad a esa región.

En 1681 fue enviada una nueva expedición a California, al mando del capitán Isidro Otondo, quien recorrió todo el litoral hasta La Paz, en el actual estado de Baja California Sur, de donde regresó al puerto de Navidad, Jalisco. En esa expedición fueron tres padres jesuitas, entre ellos el tirolés Eusebio Kino, para ver la posibilidad de quedarse en alguna misión. La empresa fue un fracaso. Mientras tanto, Veracruz, que estaba descuidada y sin suficiente guarnición, caía en manos de unos piratas franceses al mando de Lorencillo (Lorenzo Jácome), quien con 800 hombres se apoderó del puerto y encerró a los habitantes en las iglesias en tanto se dedicó a saquear la ciudad llevándose enormes cantidades de mercancía, rehenes y siete millones de pesos. Cuando llegaron las fuerzas para combatir a los piratas, éstos había salido hacia Campeche y Yucatán burlándose de las autoridades españolas y de la Armada de Barlovento. El 16 de noviembre de 1683 el conde de Paredes entregó el gobierno de la Nueva España a Melchor Portocarrero, conde de la Monclova.

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