Biografías: Científico

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Beatriz Barba Ahuactzin de Piña

1928. - ----------

Nació en la ciudad de México el 16 de septiembre de 1928. Profesora de educación primaria (1954) por la Escuela Nacional de Maestros

Nació en la ciudad de México el 16 de septiembre de 1928. Profesora de educación primaria (1954) por la Escuela Nacional de Maestros, arqueóloga (1956) y etnóloga (1960) por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y maestra (1982) y doctora (1984) en ciencias antropológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México, intervino en las excavaciones arqueológicas en Tlapacoya, en Tlatilco, Méx., y en el Valle de Guadalupe, Jal.; investigó las clases sociales en el Distrito Federal; participó en la planeación del Museo Nacional de Antropología, cuya sala de introducción fue diseñada por ella. Fundó y fue subdirectora del Museo de las Culturas. Investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en 1986 estudiaba la problemática socioeconómica del pensamiento mágico en México. Ha publicado
Alhajas mexicanas
Ambiente social y mentalidad mágica
El mobiliario
El Museo de las Culturas
Jalisco
La expansión de la magia
La parapsicología y la ciencia
Tlapacoya: un sitio preclásico de transición.  ME PREGUNTABA QUÉ IBA A HACER CON UN JARRITO SI TENÍA QUE HACER HISTORIA DE MÉXICO: BEATRIZ BARBA Con una abundante cabellera blanca que corona un rostro amable, sentada frente a su escritorio y rodeada de libros, la doctora Beatriz Barba Ahuatzin de Piña Chan hace un alto en su vida diaria, que es la investigación, para emprender un recorrido mental hacia el inicio de su profesión. Revela que ingresó a las filas de la arqueología casi por casualidad, pues era historia lo que quería estudiar. A sus 73 años, la profesora de Investigación Científica Emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha incursionado en diversos campos de las humanidades vinculadas al estudio de las culturas. Lo mismo trabajó la antropología física, las excavaciones arqueológicas, la clasificación de la cerámica, la museografía, la difusión cultural, los estudios etnológicos, que la historia antigua; pero sin duda una de las actividades que nunca ha dejó de practicar fue la docencia.  La primera arqueóloga mexicana Su actividad pedagógica fue casi hereditaria. Hija de padres normalista, la doctora Beatriz Barba eligió casi por destino su primera profesión. “Es apasionante tener un conocimiento y compartirlo. Además, cuando yo iniciaba la única oportunidad de trabajo para la mujer era la escuela primaria, porque era una actividad sencilla, tranquila y sólo robaba cinco horas, así el resto se podía aplicar a la casa y a los hijos”. Egresada como normalista, a los 21 años inició su larga carrera en la docencia; sin embargo, su ambición por nuevos conocimientos, sobre todo su interés en la historia, la llevaron a seguir buscando opciones y junto con su amiga Perla Valle llegaron a lo que después se convertiría en la ENAH. “Mi amiga Perla y yo decidimos ir a esa escuela a ver de qué se trataba, nos pareció un ambiente muy interesante, gente importante, maestros formidables, todo era trabajo y cordialidad. Entramos ahí suponiendo que si no conseguíamos oportunidad dentro de la antropología, nos iríamos como maestras de historia a secundarias, pero afortunadamente el Instituto fue muy generoso conmigo”, dijo la investigadora. Cinco años después de haber incursionado en un ambiente dominado por los hombres, Beatriz Barba Ahuatzin sería la primera mujer mexicana en obtener el título de arqueóloga con la tesis Tlapacoya, un sitio preclásico de transición; a esto se sumaron sus estudios en Etnología, también en la ENAH; su maestría en Ciencias Antropológicas y el doctorado en Antropología; éstos últimos cursados en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).¡Cómo hacer historia con un jarrito! Beatriz Barba acepta que al principio le asaltaron las dudas. Su primera salida al campo fue en 1950, en el primer semestre de la carrera. “La primera impresión fue desconcertante. No encontraba la importancia de un jarrito. ¿Qué voy a hacer con un jarrito si tengo que hacer historia de México? Pero a medida que entendía lo que significaba la artesanía, la tipología, la estatigrafía, me conmovía saber cómo cualquier rasgo, cualquier detalle cultural reconstruye toda una época”. Eternamente inquieta y con la vitalidad reflejada en el rostro, la maestra Barba de Piña Chan hurga en su memoria y recuerda que su tesis para la Escuela Nacional de Maestros, titulada Un problema escolar, el mobiliario, fue resultado de un estudio con su primer grupo de primaria: la ausencia de un mobiliario adecuado afecta en semanas la columna vertebral de los pequeños. Después de cinco años, las clases en la primaria fueron sustituidas por las de la secundaria y más tarde por cátedras en la ENAH, mismas que continúa. También desde hace 16 años incursionó en la museografía y uno de sus hijos legítimos, como ella lo llama, es el Museo Nacional de la Culturas.  El primer museo de culturas extranjeras en México La necesidad de mostrar a los mexicanos cómo eran las civilizaciones del mundo a través de diferentes épocas, además de conservar el Palacio de Moneda como espacio cultural, llevaron a la maestra Barba, junto con profesor Julio César Olivé, a pelear por el espacio. “Cuando se abrió el nuevo Museo de Antropología, en Chapultepec, el recinto de Moneda #13 quedó solo. Se nos dijo que para rescatarlo como museo tendríamos que conseguir la anuencia de Hacienda, quien se quedaría con el inmueble. Ocupamos las vitrinas, ya muy viejas, con miles de objetos y explicamos que el inmueble no había dejado de ser museo y que no se le podía arrebatar al pueblo de México; finalmente se quedó como museo de las culturas extranjeras”. Durante esta experiencia conoció a una de las culturas que más la cautivó: la china. Esta civilización tiene un lugar especial en la trayectoria de la doctora Barba, pero también en su biblioteca y en su bitácora de viajes. Esta cultura “cae del cielo al momento de repartirse el mundo” para comenzar a diseñar el Museo Nacional de las Culturas. Barba Ahuatzin explica que la cultura china tiene gran semejanza con México; sobre todo en la conducta de la gente del campo. “El mexicano auténtico es muy parecido al chino: no saluda de mano, lo hace con caravanas; no ve a la gente a los ojos, sino que está acostumbrado a mirar hacia abajo. Los vestidos de los nativos de China tienen gran parecido con la Mixteca, con los zapotecas; en esta cultura se encuentra uno como etnólogo, muy cerca del pueblo chino. No es un país extraño en realidad”. Durante su estancia en el Museo Nacional de las Culturas siempre procuró que los maestros que visitaban el recinto recibieran conocimientos básicos de antropología. Además, viajó constantemente con el fin de lograr nuevas relaciones e intercambio de materiales antropológicos a fin de aumentar y mejorar las salas de exhibición.  Y la familia… Casada con el profesor emérito, Román Piña Chan, con quien procreó tres hijas, la investigadora acepta resignada que no es fácil tener una trayectoria como la de ella y ser una buena madre de familia, porque es un problema tener hijos y salir hasta 80 días al campo. “Uno piensa que fue la gran madre, pero luego que crecen las hijas uno se da cuenta que debió tener mucho más atención para ellas. Sin embargo, la problemática más grande ha sido atender a mi esposo enfermo desde hace 17 años. Eso ha sido muy doloroso para ambos”. Dueños de brillantes trayectorias, la maestra Barba confiesa que en ocasiones fue difícil conjuntar sus intereses. “Al momento de trabajar todo se combinaba con la fórmula de la esposa supeditada; la figura del hogar pesó. Esa fue una de las razones por las que dejé de ser trabajadora de campo en arqueología. El museo no me alejó de la arqueología, me mantuvo en la Ciudad de México y es una vida de investigación y de logros muy interesante”. El mundo de Barba se alimenta no sólo de la investigación, está la docencia, la administración, la promoción cultural, la museografía, la divulgación científica y las publicaciones, siempre editadas por el INAH. “Los investigadores tenemos una gran obligación con el pueblo de México: poner al alcance de todos los conocimientos a los que llegamos, porque se tiene la horrible costumbre de pensar que solamente el gremio nos debe entender”. Beatriz Barba Ahuatzin de Piña Chan prepara tres proyectos y tiene varias publicaciones en prensa, pero aclara que sin duda una de las cosas que no dejará de hacer por mucho tiempo es impartir los conocimientos que a sus 73 años ha acumulado. “Todavía hay futuro para las humanidades como la antropología. Estas no se pueden acabar porque implicaría terminar también con la cultura. Cada vez serán mejores y tendrán diferentes enfoques y maneras de entenderse. Lo único que hace falta para que estas ciencias repunten es que repunte todo el país”, concluye la antropóloga.

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