Biografías: Durangueño

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Belen Santa Maria

1873 - 1956

licenciado y periodista duranguense Héctor Palencia en el libro “Músicos de Durango” al referirse a Belén Santa María de Murphy dice:

licenciado y periodista duranguense Héctor Palencia en el libro “Músicos de Durango” al referirse a Belén Santa María de Murphy dice:

“Nació en la ciudad de Durango, día 25 de septiembre de 1873, en el seno de una vieja familia que se distinguió por la gran cultura de sus miembros”.

Desde su infancia, mostró inteligencia singular y gran entusiasmo por el difícil aprendizaje de la música.

Comenzó sus estudios musicales con el insigne don Manuel Herrera y Álvarez y los continúo en la capital de la República con el mejor ejecutante de su tiempo Ricardo Castro.

Después, recibió título de Maestra de Piano y Concertista en la Academia de Piano del Distrito Federal, que dirigía el maestro Pedro Luís Orgazón.

Era una dama de amplios conocimientos. Hizo los estudios correspondientes a la carrera de maestra normalista, en el entonces “Colegio de Niñas” de Durango, y tenía una elogiable afición por la lectura de buenos libros.

El 22 de noviembre de 1905, contrajo matrimonio con el mayor admirador de su arte: don Nicolás H. Murphy, quien la llevó a la ciudad de México para que recibiera las lecciones necesarias y alcanzara el completo desarrollo de sus facultades artísticas.

Fundó la segunda escuela dedicada exclusivamente a la enseñanza de piano; (la primera fue creada por el maestro don Luís Baca Elorreaga en 1843); fueron muchos sus discípulos, distinguiéndose las señoritas: Margarita Rosales, Magdalena Lozoya, Concepción Sarabia Clart, Elvira Rodríguez, Carmen del Palacio, Eulalia Ruiz, y María Luisa Peña.

Entre las disciplinas a que sometía a los principiantes en la ejecución de piano, destacaba la de hacerlos imaginar que iban a tomar en sus manos una manzana o cualquier cuerpo de esta forma, con el objeto de que ahuecaran éstas y en esa forma adquirieran la posición correcta; en seguida, colocaba una moneda sobre el dorso de la mano y principiaba el alumno el estudio de los ejercicios, cuidando de no perder la posición inicial y no dejar caer la moneda, no obstante las dificultades que venían en algunos pasajes”.

Murió en la ciudad de Durango el 22 de mayo de 1956. Su nombre está grabado en la cantera rosa del kiosco de la Plaza de la Constitución y en el corazón de todos los que admiramos su grande y desinteresado arte.

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