Biografías: Durangueño

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Bruno Martinez

1848, - 1921

Nació en Santiago Papasquiaro, Dgo., en 1848, descendiente de una familia muy modesta. Siendo niño trabajaba en un taller de carpintería y como no tenía con que pagar la escuela

Nació en Santiago Papasquiaro, Dgo., en 1848, descendiente de una familia muy modesta. Siendo niño trabajaba en un taller de carpintería y como no tenía con que pagar la escuela, le pedía permiso al maestro para asistir a ver la clase en ratos. Con mucha inteligencia le pedía a sus compañeras que lo enseñaran a leer, escribir y contar.

En cuanto pudo leer, escribir y contar, inmediatamente, consiguió libros y por su cuenta inició su autoformación. Bruno como le decían fue un claro ejemplo de autodidacta y hombre que se levanta por sí solo.

A la edad de 15 años, ya se sintió capaz de iniciar su carrera de maestro en la escuela de Topia por el año de 1863. Poco tiempo después fue trasladado a la escuela de San Lucas de Ocampo, para pasar luego a la escuela de San Juan del río y en noviembre de 1868 ya era director de una de las Escuelas de la Capital del estado.

Por esos años el Gobernador del Estado, abrió un certamen ofreciendo premios a los profesores que presentaron mejores trabajos y mayor número de niños aprobados. El maestro Martínez obtuvo el premio, con lo que obtuvo un gran prestigio ante la sociedad durangueña de ese tiempo.

En el año de 1872 fundó el Liceo de Niños de enseñanza primaria y secundaria, de cuya dirección se separó para dirigir la Escuela Normal que se fundó entonces y cuya existencia fue efímera.

Fue catedrático del Instituto Juárez y en 1885 se le dio nombramiento de Inspector de Escuelas de Durango.

Se le llamó del estado de Guerrero para dirigir el Instituto Literario de Chilpancingo, donde permaneció 3 años.
A su regreso a Durango en 1888, el Gobernador, le confió la dirección de las Escuelas del Estado; cargo equivalente a lo que ahora es el Director General de Educación en el Estado.

En este tiempo el maestro Bruno Martínez inició la Reforma Escolar Durangueña, echándose a cuestas reformar planes de estudios, programas, métodos de enseñanza, sistemas de organización y los más difícil de toda reforma, reformar maestros.

Esa tarea reformista que ahora es difícil para quien la inicia; en aquel tiempo este gran pedagogo la pudo realizar. Empezó por constituir un equipo de trabajo, donde figuraron entre otros profesores Refugio González, Francisco Escárzaga, Juana Villalobos, Luz y Guadalupe Alfaro, María Rivera, Guadalupe Patoni, María Salazar, Delfina Arroyo y los maestros Francisco Ceniceros Villarreal, Abel Gámiz, Patrocino Juárez, Leandro Ávila y otros; quienes lo ayudaron en su empresa y consiguieron colocar al Estado de Durango, entre las entidades más avanzadas en el aspecto educativo en ese tiempo.

Por razones políticas en 1906, se trasladó a la ciudad de México, donde desempeño importantes cargos en la Secretaría de Instrucción y Bellas Artes, como el de jefe de la sección técnica de instrucción primaria y el de Director General Interino de Educación Primaria en el Distrito Federal, hasta 1912. Murió en la ciudad de México el 29 de marzo de 1921 y sus restos fueron trasladados a la ciudad de Durango donde se le rindió homenaje y por decreto del Congreso Local se le declaro “benemérito del Estado”.

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