Biografías: Gobernante

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Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel

1624 - 1635

Nació en Aragón, España. Desde muy joven sirvió en el ejército, donde se distinguió por su energía, valor e inteligencia, lo que le valió ser nombrado para el Virreinato de la Nueva España

Nació en Aragón, España. Desde muy joven sirvió en el ejército, donde se distinguió por su energía, valor e inteligencia, lo que le valió ser nombrado para el Virreinato de la Nueva España; llegó a Veracruz el 21 de septiembre de 1621 y recibió el poder hasta el 8 de abril del siguiente año, ocupándose en comprar 10,000 fanegas de maíz para repartir a las clases pobres de la capital y sus alrededores, porque las sequías habían hecho que se perdieran las cosechas. Fundó en la Universidad de México la primera cátedra de cirugía.

El virrey Carrillo organizó una persecución activa contra los ladrones e hizo ahorcar inmediatamente a los que fueron sorprendidos en la comisión del delito. Mandó destruir el dique que contenía las aguas del río Cuautitlán e interrumpió las obras del desagüe de Huehuetoca, por considerarlas muy caras. Durante su gobierno siguieron, a consecuencia de la suspensión de las obras del desagüe, las inundaciones en la capital de la Nueva España. Se opuso fervientemente al monopolio del maíz que ejercían los comerciantes.

Se produjo un grave problema después, por los abusos que cometía el arzobispo de México, Juan Pérez de la Serna, tanto en lo religioso como en actividades comerciales. El virrey lo hizo llamar para reconvenirlo, por lo que el arzobispo se sintió gravemente lastimado en su calidad religiosa y lo excomulgó. Carrillo lo hizo detener y enviar a Ulúa, para remitirlo a España. Esto originó un tumulto el 15 de enero de 1624; el pueblo enfurecido frente a Palacio, pedía la renuncia del virrey. El arzobispo, quien había logrado escapar, hizo pregonar que el marqués de Gálvez dejaba de ser virrey, que él tomaba el gobierno y que nombraba capitán general al licenciado Pedro Gaviria. El virrey, en peligro de ser asesinado por el populacho enfurecido, huyó, disfrazado de sirviente, del palacio que había sido incendiado, para ir a refugiarse en la iglesia de San Francisco con algunos guardias que lo seguían; allí estuvo hasta que marchó a Veracruz para embarcar hacia España, en donde fue recibido por Felipe IV que lo escuchó con atención y aprobó algunas de las medidas que tomó en contra del arzobispo rebelde, pero desaprobó otras.

El virrey Carrillo de Mendoza fue un gobernante recto y honrado que cuidó mucho los gastos públicos e impidió abusos. Cometió un error capital de apreciación de fuerza entre él y el arzobispo, éste usó la indoctrinación mística del pueblo, desarrollada por la iglesia a través de los siglos para formar un pueblo sumiso, es lo que hoy llamamos fundamentalismo, para hacerse del poder.

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