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Francisco Villa

1878 - 1923

El mexicano más conocido del mundo. En La Coyotada, mpio. de San Juan del Río, Dgo., partida del mismo nombre, nació el niño Doroteo Arango Arámbula, el día 5 de junio del año de 1878.

El mexicano más conocido del mundo. En La Coyotada, mpio. de San Juan del Río, Dgo., partida del mismo nombre, nació el niño Doroteo Arango Arámbula, el día 5 de junio del año de 1878. Fue hijo primogénito de Agustín Arango y de doña María Micaela Arámbula, quienes además de Doroteo procrearon a Antonio, Martina, Hipólito y Mariana. Agustín, trabajaba a listas de raya como peón en los trabajos de campo. Doña Micaela se dedicaba al hogar.

Cuando Doroteo tenía siete años, murió su padre, circunstancia que lo obligó a adquirir la obligación moral de hacerse cargo de la familia. Se dedicó a cortar leña de mezquite y obtenía 6 centavos diarios para el mantenimiento del hogar. Sin perspectivas de mejoramiento abandonó con su familia el lugar de nacimiento trasladándose al Rancho El Gogotito, perteneciente a la Hacienda de Santa Isabel de Berros, perteneciente al Mpio. de Canatlán.

La tarde del 22 de septiembre de 1895, cuando regresaba a su hogar, encontró a su madre abrazada de su hermana Martina, de 13 años y las dos lloraban, al mismo tiempo que doña Micaela, le suplicaba a Agustín López Negrete, dueño de la Hacienda de Santa Isabel, que no se llevara a su hija. Doroteo sin intervenir en el diálogo, advirtió de qué se trataba y antes de asumir una actitud de servilismo y entreguismo a la que posiblemente la familia y él le hubieran sacado provecho y lejos de doblegarse a los deseos de aquel hombre que tenía poder, dinero e influencias, adoptó una actitud única y original en aquel tiempo. Hacerse justicia por su propia mano.

Tomó su pistola y le dio tres balazas al hacendado López Negrete, huyendo de inmediato a la Sierra de la Silla. Viviendo en cuevas y quebradas, vivió unos meses hasta que cayó prisionero de la cacería que se desató en su contra.

Fue conducido a San Juan del Río, donde se le iba a fusilar; a la mañana siguiente de ingreso a la cárcel, se le sacó de la celda para que moliera el nixtamal que servía para hacer tortillas para los presos. Se le pusieron tres hombres que lo cuidaran. Dio muerte con la mano del metate a uno de sus guardianes, salió de la prisión, trepó el cerro de los Remedios y se perdió en el monte.

Lo buscaban las acordadas de Durango, Canatlán y San Juan del Río y cuando se encontraba dormido cayó en manos de siete de sus perseguidores. Ya rendido los persuadió de que debían de almorzar elotes asados antes de emprender la jornada que los conduciría a la prisión. Ellos aceptaron y mientras unos cortaban los elotes y juntaban la leña, Doroteo amenazó a los tres que lo custodiaban, escapó y se ocultó en la serranía.

Recorría las sierras de la Silla de Gamón, de San Francisco y de Canatlán sin tener reposo. Los grupos de seguridad rural, llamados acordada le seguían muy de cerca. Se convence de que no puede vivir en paz porque el gobierno lo busca para matarlo y reflexionando decide formar un grupo. Se une al famoso Bandolero Ignacio Parra, integrada por Francisco Villa sub-jefe del grupo y otros.

Asaltaban diligencias, conductos de plata y oro, y tenían en jaque a los ricos y al gobierno. El producto de los asaltos lo distribuían entre los pobres. En una ocasión que a Doroteo le tocaron cincuenta mil pesos, le dio 5 mil a su madre, le puso una sastrería a un amigo que carecía de la vista, a una viuda con 8 huérfanos le compró una huerta y le puso tienda y les mandó ropa a los presos de la cárcel de Canatlán.

En un combate murió Ignacio Parra y tomó el mando Francisco Villa, valiente y temible oriundo de Milpillas, Estado de Zacatecas. En 1902, cae por las fuerzas del gobierno el auténtico Francisco Villa, Doroteo era entonces un joven de 24, tomó el nombre del jefe muerto Francisco Villa. En ese momento nacía el Francisco Villa que haría triunfar a la Revolución Mexicana y por cuya razón sería para la posterioridad el mexicano más conocido del mundo.

En sus visitas a Chihuahua, un día le llamó Abraham González, le habló de la dictadura de Porfirio Díaz, de cómo los hacendados explotaban a la gente del campo y lo invitó a reclutar gente y reunir armas para iniciar la revolución. Villa no vaciló en aceptar la invitación. La noche del 17 de noviembre cenó con Abraham González diciéndole: …”Mira Pancho, a ti te toca levantar a la gente del sur del Estado y yo lo haré en el norte”.

Esa misma noche, 15 hombres a los que se sumó Villa y Cástulo Herrera, salieron de Chihuahua con destino a Sierra Azul donde iniciarían sus acciones de insurrección. Las reservas económicas que disponían eran limitadas. Francisco Villa estaba consciente de todo eso, y había aceptado la invitación de Abraham González con todos los riesgos que éste representaba; muchos participaron en las reuniones de conspiración y en el momento del levantamiento no se presentaron. Villa con decisión y confianza en esa lucha, a partir de esa noche, se entregó por entero a la causa de la revolución.

Fue impulsivo y temperamental que lo mismo estallaba en ira y ordenaba ejecuciones masivas sin ninguna contemplación, que lloraba como un niño cuando había cosas que le llegaban al sentimiento. Lloró ante la tumba de Madero y también lo hizo cuando estuvo a punto de fusilar a Obregón.

Fue desconfiado y agudo en sus apreciaciones. Nunca dormía en el lugar que le ofrecían. Le gustaban las peleas de gallos y jugaba fuertes cantidades de dinero en los mismos. Se dice que en una pelea de gallos surgió la enemistad entre él y Melitón Lozoya que entre otras cosas provocó la emboscada que le costó la vida. Fue implacable en la venganza, lo demostró con su compadre Urbina a quien mandó fusilar porque pretendía traicionarlo, la traición de los norteamericanos que provocó el asalto a Columbus. Era discreto en sus planes y a nadie le confiaba sus propósitos, sino horas o minutos antes de su realización.

Fue el 28 de julio de 1920, cuando Francisco Villa firmó en el Palacio Municipal de Sabinas, Coahuila, un documento por el cual concertaba la paz con el representante de Adolfo de la Huerta, en ese tiempo Presidente de la República. El gobierno le otorgó garantías de seguridad y le cedió en propiedad la Hacienda de Canutillo en el Estado de Durango, donde dedicado a la vida privada se ocupó del cultivo de la tierra.

El revolucionario duranguense cumplió su palabra de honor, durante 3 años, se dedicó al trabajo del campo; no así el gobierno que dio órdenes secretas para que el ex-jefe de la División del Norte fuera sacrificado. La mañana del día 20 de julio de 1923 en la calle Gabino Barreda de la ciudad de Parral, Chih., un grupo de diez hombres encabezados por Jesús Salas Barraza, desde el interior de una casa deshabitada, hicieron fuego de fusil y ametralladora sobre el general Francisco Villa y sus cuatro acompañantes: Miguel Trillo, Daniel Tamapo, Claro Hurtado y J. Rosario Rosales.

El cuerpo del General recibió 13 de impactos de bala y el coche en que viajaba sesenta y tres. El pueblo de México entero se conmovió y los periódicos protestaron por el asesinato. Villa nacía para la inmortalidad, envuelto en leyendas y cantando su nombre en muchos corridos. En el año de 1964 su nombre fue escrito en el recinto oficial del Congreso de la Unión. El 20 de noviembre de 1976, por decreto del entonces Presidente de la República, Lic. Luis Echeverría, sus restos fueron depositados en una cripta del Monumento a la Revolución de la ciudad de México.

El año de 1978 a iniciativa del Dr. Héctor Mayagoitía Domínguez, gobernador del Estado de Durango, fue decretado Año de Francisco Villa en homenaje al Centauro de su natalicio. Francisco Villa vive y vivirá en el corazón del pueblo de México que lo ama y en el recuerdo de los duranguense que lo idolatran.

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