Biografías: Mitológico

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Helios

Era el dios del sol en la etapa preolímpica y por lo tanto un titán. Este puesto fue a veces otorgado a Apolo, dios de la luminosidad solar, pero la tradición más habitual defiende que Helios fue siempre el auténticos dios del sol

Era el dios del sol en la etapa preolímpica y por lo tanto un titán. Este puesto fue a veces otorgado a Apolo, dios de la luminosidad solar, pero la tradición más habitual defiende que Helios fue siempre el auténticos dios del sol, lo que se encuentra motivado en que a pesar de la victoria de Zeus sobre los titanes, y Helios era uno de ellos, éste siguió ocupando un puesto importante durante la etapa de los dioses olímpicos. Helios era hijo de los titanes Hiperión y Tía, aunque otra versión afirma que su madre fue Basilea. Helios era hermano de Selene y de Eos, también divinidades atmosféricas ambas.

Después de que Zeus ganase la batalla contra los titanes, procedió a repartir el mundo entre las divinidades existentes desechando ningún puesto para Helios. Éste, sin embargo, se quejó enérgicamente, y Zeus estuvo dispuesto a repetir la distribución aunque finalmente no lo hizo porque Helios decidió ocupar, por su propia voluntad, una isla que estaba emergiendo en el mar: Rodas. Allí se asentó y se unió sentimentalmente a la ninfa Rode, teniendo junto a ella a siete sabios hijos, los Helíadas. Posteriormente, también logró bajo su tutela Sicilia y la Acrópolis de Corinto, aumentando su reconocimiento en el mundo helénico. Helios tuvo una gran cantidad de amantes, como solía ser habitual entre los dioses, y un enorme número de hijos, entre los que se puede destacar a Calipso, Circe o Pasifae.

Una vez Helios se enamoró de una ninfa llamado Clitia pero pronto la rechazó ante los encantos de otra ninfa de nombre Leucótoe. Clitia se mostró enormemente celosa e hizo saber al padre de Leucótoe los amores de ésta con Helios. Al saberlo, el rígido padre la encerró en una horrible cueva hasta su muerte y Helios, que no podía hacer nada al respecto, odió profundamente a Clitia durante toda la eternidad. Antes de ocupar ningún puesto entre el mundo de las divinidades olímpicas, fue asesinado por los titanes, que lo ahogaron en el río Eridán. Su madre estuvo buscándolo largo tiempo pero el resultado fue infructuoso, y, enormemente cansada, se tumbó en la espesura y se quedó dormida. En sueños apareció su hijo quien le dijo que no debía preocuparse pues había sido admitido en el cielo para seguir conduciendo el sol. En efecto, Helios montaba un hermoso carro tirado por cuatro briosos caballos que él sólo podía dominar llamados Flegonte (que significa “ardiente”), Aetón (“resplandeciente”), Pirois (“ígneo”) y Éoo (“amanecer”) y con el que llevaba el sol de un lugar a otro. Este puesto se confunde una vez más con el detentado por Apolo y varió según las diferentes épocas. Es representado de forma juvenil y atlética.

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