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Juan Aldama

1774 - 1811

Hermano del licenciado Ignacio Aldama. Siguió la carrera de las armas, y al estallar la guerra de Independencia era capitán del regimiento de caballería de las Milicias de la Reina en su pueblo natal.

Hermano del licenciado Ignacio Aldama. Siguió la carrera de las armas, y al estallar la guerra de Independencia era capitán del regimiento de caballería de las Milicias de la Reina en su pueblo natal. Participó en la conspiración de Valladolid de 1809, invitado por el capitán Allende, así como en las juntas secretas de Querétaro en 1810, en la casa del corregidor Miguel Domínguez y en las que en San Miguel presidiera su hermano Ignacio. Estuvo en contacto también con el padre Hidalgo, en Dolores. El 10 de septiembre de ese año, la conspiración de Querétaro fue descubierta. En vista de ello, la esposa del corregidor, doña Josefa Ortiz de Domínguez, se dio prisa en avisar a Allende lo que ocurría, enviando un correo a San Miguel, quien al no hallarlo se entrevistó con el capitán Juan Aldama y le informó de la situación. Aldama se puso inmediatamente en camino hacia Dolores para avisar a Hidalgo, a quien encontró a las dos de la mañana discutiendo el movimiento con Allende. Los tres personajes llegaron a la conclusión de que había que apresurar el movimiento, haciendo que estallara en la madrugada de ese día, 16 de septiembre de 1810, Hidalgo llamó al pueblo mediante un toque de campanas; para dar inicio al movimiento.

El capitán Aldama fue comisionado para ir al mando de una fracción del ejército insurgente; mientras, el gobierno virreinal ofrecía una recompensa de diez mil pesos por las cabezas de Hidalgo, Allende y Aldama.

En Acámbaro, el capitán Aldama fue ascendido al grado de teniente general, con el que participó en las desastrosas batallas de Aculco y Puente de Calderón, en 1811. Después de esas derrotas el ejército insurgente inició la retirada hacia el norte del país. Llegaron hasta Acatita de Baján, donde todos fueron aprehendidos por Ignacio Elizondo, capitán de una milicia de las Provincias Internas, que defeccionó de la insurgencia. Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y otros jefes fueron remitidos a la ciudad de Chihuahua, donde el tribunal militar los juzgó por rebeldía. Juan Aldama fue sentenciado a morir fusilado.

Su cabeza, cortada de su cadaver, fue enviada a la Alhóndiga de Granaditas, y exhibida en una jaula colgada en una esquina de la Alhóndiga junto a las de otros jefes, hasta la consumación de la independencia.

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