Biografías: Durangueño

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Juan Parral Quiñonez

1925 - 1999

Juan Parral Quiñónez nació en la bella y centenaria Ciudad de Durango, Estado del mismo nombre, el año de 1925, sus padres fueron Don Diego Parral, ferrocarrilero de oficio y Doña Carmen Quiñónez, abnegada ama de casa.

Juan Parral Quiñónez nació en la bella y centenaria Ciudad de Durango, Estado del mismo nombre, el año de 1925, sus padres fueron Don Diego Parral, ferrocarrilero de oficio y Doña Carmen Quiñónez, abnegada ama de casa.

Estudió su Educación Primaria en las escuelas “José Ignacio Soto” y “Guadalupe Victoria”, de la Ciudad donde nació y continuó sus estudios en las Escuelas Comercial Práctica, Preparatoria de la UJED y la Escuela de Derecho de la propia Universidad, donde se graduó como abogado el año de 1962. Su examen profesional fue brillante, propio del talento de Parral Quiñónez, quien se caracterizó toda su vida por el estudio, la responsabilidad y la honradez a toda prueba.

Por un tiempo, se dedicó al ejercicio de su profesión, donde destacó como Abogado Postulante y adquirió prestigio y respeto de la ciudadanía durangueña. El año de 1972, presentó examen como aspirante al puesto de Notario Público y obtuvo la patente como Notario Público Número 11. En la ciudad de Durango, se le recuerda con respeto y estimación, tanto por su don de gentes como por los diversos puestos que ocupó, ya que fue Agente Foráneo de Ministerio Público, Secretario General de la Universidad Juárez del Estado de Durango, Magistrado, tanto Diurna como Nocturna de la propia Universidad, Catedrático titular de las Escuelas de Derecho, Maestro de la escuela secundaria “Benito Juárez”, Maestro de historia en el Instituto de la Juventud y sobre todas las cosas, el Señor Licenciado don Juan Parral Quiñónez fue hombre institución a quien todo el pueblo de Durango respetó, amó y lo consideró ejemplo de virtudes cívicas y recipiendario de sabiduría, dispuesto siempre a servir a Durango y a los durangueños.

Falleció el día 28 de octubre de 1999 y Durango le brinda el tributo de su veneración permanente.

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