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Estevan de Antuñano

Nació en el puerto de Veracruz en 1792 y murió en la capital del estado de Puebla en 1847. Hay alguna discusión en cuanto a la forma de escribir su nombre, pero el hecho es que él se firmaba Estevan, con v, y así aparece también en los escritos que publicó. En 1816 se estableció en la ciudad de Puebla en 1816. Organizó en 1829 el Batallón del Comercio de Puebla, del cual fue coronel honorario. En sociedad con Gumersindo Saviñón, inició en 1831 la instalación de la fábrica de hilados y tejidos La Constancia. Con esta fábrica trataba de poner en práctica las ideas que venía exponiendo, desde años atrás, en favor de la creación de industrias como la única forma de resolver los graves problemas económicos de México.

Luchó por la industrialización del país, aprovechando las materias primas que producían la agricultura y la minería. Concedía importancia a la colonización y al cultivo de las tierras tropicales, de las que era posible obtener materias primas para la industria; pero pensaba que en los altiplanos densamente poblados debía dedicarse a la agricultura solamente el número necesario de hombres para producir los alimentos, y ocuparse el resto en la industria fabril. Concebía la actividad industrial no sólo para elaborar artículos de consumo, sino también para la construcción de instrumentos modernos y la explotación del fierro, porque esto debe considerarse el preliminar, la introducción, la base material de toda la industria.

Su interés principal y su actividad como empresario se concentraron en la industria de hilados y tejidos de algodón, para proporcionar vestido al mayor número de habitantes. Los esfuerzos de Antuñano chocaron contra los intereses del gobierno, cuyos ingresos provenían principalmente de los derechos de importación, evidenciando el enfoque equivocada de algunos gobiernos hasta nuestra época, no se puede crear riqueza enviando divisas fuera en vez de producir bienes localmente. Encontró también la oposición de los artesanos y dueños de obrajes que hilaban y tejían el algodón en forma rudimentaria y sentían amenazada su existencia con la introducción de maquinaria moderna. Esta oposición fue tan enconada que llegó hasta el intento de asesinato en 1832. A pesar de todos los obstáculos, logró que operaran con éxito una planta despepitadora en Veracruz y dos grandes fábricas textiles en Puebla, La Constancia Mexicana y La Economía Mexicana. Gracias a sus luchas, y en muchos casos a su ayuda directa, en 1843 la industria mexicana de hilados y tejidos contaba con 62 fábricas, en las que había 106,702 husos y 2,609 telares. Un mes antes de morir, el Congreso del Estado de Puebla lo declaró Benemérito y Fundador de la Industria Textil.

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