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Pedro de Arrieta

Fue uno de los principales arquitectos del siglo XVIII, iniciando la primera etapa del barroco. Trabajó extensamente en iglesias y conventos. En 1692 trabajó en la iglesia de San Bernardo, en la ciudad de México, al lado de su maestro Juan de Zepeda. En 1695 fue nombrado maestro mayor de la Santa Inquisición y en 1720 lo fue de la catedral y del Real Palacio. De 1695 a 1709 terminó la construcción de la Basílica de Guadalupe; de 1701 a 1704 intervino en la obra de Santa Teresa la Antigua y proyectó Santa Teresa la Nueva; de 1714 a 1720 edificó el templo de San José del Real, conocido como La Profesa; también en 1714 erigió la cúpula y las torres de San Miguel; en 1724 concluyó la iglesia y el convento del Corpus Christi, para indias nobles; en 1721 dio término a la capilla de las Ánimas de la catedral; y entre 1733 y 1737 concluyó la sede de la Inquisición (hoy ex-Escuela de Medicina).

Otras obras suyas que no se han podido fechar son las siguientes: la sacristía de Santo Domingo, el templo de Santiago Tuxpan (Veracruz), el colegio del Seminario de México, los puentes de la Mariscala (México) y de San Juan del Río (Querétaro) y la alhóndiga y la fuente de la Plaza Mayor (México). Se sabe que trabajó también en el Hospital Real y en las iglesias de San Gregorio, Jesús Nazareno y Santa Clara. Según una declaración propia hecha en 1720, lo enorgullecía la escalera del convento de San Francisco, que todos admiran por peregrina en el arte.

Aunque barroco, no utilizó soportes salomónicos ni estípites; se limitó a ornamentar las columnas de corte clásico. En el edificio de la Inquisición prescindió de los soportes en los ángulos del patio, mediante el procedimiento de construir dos arcos cruzados. Utilizó a menudo la combinación de tezontle y cantera en los paramentos, característica de la capital del virreinato. Otros elementos de su preferencia fueron los grandes tableros, las torres ochavadas y los arcos mixtilíneos y octagonales.

Podemos destacar de la obra de éste arquitecto su enorme capacidad de trabajo, la utilización de materiales típicos de la cuenca del Anáhuac como el tezontle dentro del estilo barroco imperante en la época al que, sin embargo, supo darle su sello personal, donde siendo un artista barroco la fuerza inmanente del arte aborigen lo influyó al usar elementos arquitectónicos indígenas sutilmente diluidos en el contexto de sus diseños. Si bien su obra está ligada a la arquitectura religiosa, esto obedece a la enorme concentración de la riqueza en manos de la iglesia. Muchas de sus obras se han perdido total o parcialmente, pero nos quedan muchas de sus grandes obras para recordar con admiración su figura, basta con ver la cúpula de Santa Teresa la Antigua, digno ejemplo de grandiosidad, otras como la fuente de la Plaza Mayor (Plaza de la Constitución) se han perdido.

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