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Agustín de Iturbide. Agustín I de México

1783-1824

Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu o Agustín de Iturbide o Agustín I (Valladolid (hoy Morelia), México, 27 de septiembre de 1783 - Padilla, Tamaulipas, 19 de julio de 1824) fue un militar y político mexicano.

Agustín de Iturbide. Agustín I de México
Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu o Agustín de Iturbide o Agustín I (Valladolid (hoy Morelia), México, 27 de septiembre de 1783 – Padilla, Tamaulipas, 19 de julio de 1824) fue un militar y político mexicano. Durante las primeras etapas de la guerra por la Independencia de México, Iturbide militó en el ejército realista combatiendo a los insurgentes. Posteriormente, durante el marco del trienio liberal en España, fue designado comandante para combatir a Vicente Guerrero, jefe de los rebeldes en la Sierra Madre del Sur. Con ideología opuesta a la implementación de la Constitución de Cádiz, decidió pactar con las fuerzas insurgentes. Proclamó el Plan de Iguala en febrero de 1821. Más adelante, en agosto del mismo año firmó los Tratados de Córdoba con Juan O’Donojú. De esta manera se logró consumar la independencia el 27 de septiembre de 1821.

Presidió la regencia del primer gobierno provisional mexicano. En mayo de 1822, fue proclamado emperador y coronado dos meses más tarde con el nombre de Agustín I. En diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz, provocando que los antiguos insurgentes de ideas republicanas e inconformes con el régimen imperial se levantaran en armas. En febrero de 1823, se firmó el Plan de Casa Mata, como resultado, los borbonistas y republicanos unieron sus fuerzas para apoyar el derrocamiento de Iturbide. El emperador decidió abdicar en marzo de 1823 y se exilió en Europa. Durante su ausencia, el Congreso Mexicano, previamente reinstalado por Agustín I, lo declaró “traidor y fuera de la ley en caso de que se presente en el territorio mexicano, declarándolo como enemigo público del Estado, y a todo aquel que le ayude a su regreso”. Iturbide, sin conocer esta resolución, regresó a México en julio de 1824 para advertir al gobierno sobre una conspiración para reconquistar México. Al desembarcar en Tamaulipas fue arrestado y posteriormente ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

En 1838, sus restos mortales fueron trasladados a Ciudad de México e inhumados con honores en la Capilla de San Felipe de Jesús en la Catedral Metropolitana, donde se exhiben en una urna de cristal. Su nombre en asociación con la bandera nacional, fue conservado durante mucho tiempo en una estrofa de la letra original del Himno Nacional de México, la cual fue suprimida en 1943. Paradójicamente, el sable que utilizó Iturbide durante el desfile de entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, fue colocado en el salón del Congreso junto con los nombres escritos en letras de oro de los insurgentes a quienes había combatido.

Solamente la Iglesia Católica sobrevivía a los rabiosos embates de la Revolución judaico-masónica. Pensaron que después de más de 150 años de felonías, el terreno estaba suficientemente abonado para continuar su plan: destruir a la Iglesia y a todo vestigio de civilización católica.

Ante la inminencia de la ofensiva general contra la Iglesia, el 14 de marzo de 1925, los católicos de la Ciudad de Méjico formaron la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. La ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mejicana) se convirtió en el brazo derecho de la LIGA proporcionando valientes y preparados dirigentes, tanto para la acción cívica entonces, como para la resistencia armada después, dando un elevado contingente de héroes y mártires.En los primeros días del mes de enero de 1926, con el fin de aplicar radicalmente la Constitución de 1917, se promulgó la ley Calles4: imponiendo multas cuantiosas y penas severas de cárcel a los delitos en materia de “culto religioso”, para entrar en vigor a partir de julio del mismo año. Los acontecimientos se precipitaban en todo el territorio nacional. Se cerraron templos, seminarios, conventos, colegios y asilos. Se detenía a los sacerdotes, religiosos y religiosas. Se limitó el número de sacerdotes por parroquia. En mayo, los obispos formaron un comité Episcopal Nacional. El Estado de Colima fue utilizado como conejillo de indias. Ahí iniciaron los callistas el 24 de marzo de 1926 con un decreto para la reducción a 20 del número de sacerdotes en toda la diócesis. El obispo de esa diócesis y sus sacerdotes respondieron valientemente inconformándose con el decreto y, ante su persistencia, suspendieron el culto público, conducta que más tarde (agosto) tomó el Comité Episcopal en todo el país, ya generalizada la ley Calles a todos los Estados.

Independencia
Primeros años como militar realista
Grabado del siglo XIX basado en un retrato al óleo de Agustín de Iturbide.

Nació el 27 de septiembre de 1783 en Valladolid —ciudad que corresponde a la moderna Morelia—, capital del estado de Michoacán, México. Sus padres fueron José Joaquín de Iturbide y Arregui, oriundo de la villa de Pamplona,1 España, y María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa, originaria también de Valladolid, Michoacán. Ingresó en el Seminario Tridentino para estudiar gramática latina, pero abandonó los estudios cuando tenía quince años de edad, para trabajar en la administración de la hacienda de su padre. En 1797, se integró en el servicio militar como alférez del regimiento provincial de Valladolid, el cual estaba bajo el mando del conde de Rul. El 27 de febrero de 1805, contrajo matrimonio con Ana María Josefa Huarte y Muñiz,1 hija de Isidro Huarte, también español peninsular, intendente provincial del distrito y a la vez nieta del marqués de Altamira. Josefa Huarte, con la dote recibida de cien mil pesos, compró la hacienda de Apeo en Maravatío.

Durante la crisis política de 1808 en México, Iturbide simpatizó con el movimiento golpista encabezado por Gabriel de Yermo. En 1809, con el grado de teniente, fue partícipe en la represión de la Conjura de Valladolid, que encabezaron los conspiradores José Mariano Michelena y José María García Obeso.2 En octubre de 1810, durante la toma de Valladolid, se negó a colaborar en el alzamiento independentista de Miguel Hidalgo y Costilla, quien le había ofrecido el rango de teniente general. Ante el avance de los insurgentes, decidió huir a Ciudad de México.3 Tiempo después, participó en la batalla del Monte de las Cruces, bajo las órdenes de Torcuato Trujillo.1 Su actuación fue premiada por el virrey Francisco Xavier Venegas, quien lo nombró capitán de la compañía de Huichapan del batallón de Toluca.4 Su trayectoria se distinguió por sofocar varias insurrecciones de rebeldes que luchaban por la independencia de México. En 1811, fue destinado al sur del país, donde combatió contra las guerrillas independentistas de Albino García Ramos,5 a quien capturó en 1812, y de Ramón López Rayón, a quien derrotó en el Puente de Salvatierra en 1813. Ese año, recibió los despachos de coronel, y continuó combatiendo contra los independentistas como comandante general de la provincia de Guanajuato.

En 1815, derrotó a José María Morelos, pero fue vencido en Cóporo por Ignacio López Rayón. Sus logros le valieron el ascenso a coronel.4 El cura de Guanajuato, Antonio Labarrieta, acusó a Iturbide de haber destruido y monopolizado el comercio de la localidad,6 y de detener los convoyes acaparando la venta de lana, azúcar, aceite y cigarros, fingiendo expediciones del real servicio.7 Las denuncias acumuladas en su contra, sumadas a nuevas protestas de los comerciantes de Guanajuato, llevaron al virrey Félix María Calleja a destituirlo en 1816, acusado de malversación de fondos y abuso de autoridad. Aunque fue absuelto por mediación del auditor de guerra real, no regresó al mando de su ejército, sino que se retiró a sus propiedades en Michoacán. Al año siguiente, se estableció en Ciudad de México en donde estuvo inactivo.8

Según Zárate, de acuerdo a lo registrado en el libro Historia de México del historiador Lucas Alamán, cuando Iturbide fue vencido en Cóporo se lamentó con el capitán Vicente Filisola por el derramamiento de sangre, expresando que la independencia se podría lograr con suma facilidad realizando un pacto entre los insurgentes y las tropas del rey, pero consideraba que era necesario «”exterminar a los primeros”, por el gran desorden que los distinguía y después poner en planta un plan regular»

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