Biografías: Politico | Revolucion Mexicana

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General Francisco R. Serrano

1886-1927

General Francisco Roque Serrano Barbeytia (Santa Ana, Sinaloa, en 1886 — Huitzilac, Morelos; 3 de octubre de 1927) fue un militar y político mexicano.

General Francisco R. Serrano

 

 

General Francisco Roque Serrano Barbeytia (Santa Ana, Sinaloa, en 1886 — Huitzilac, Morelos; 3 de octubre de 1927) fue un militar y político mexicano.
Semblanza biográfica

Sus padres fueron Rufino Serrano y la Micaela Barbeytia. Tomó parte en el movimiento libertario de 1910.1 Fue un militar revolucionario mexicano, sirvió como secretario de Guerra. Ligado estrechamente con el grupo de los sonorenses encabezado por el general Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Con ellos guerreó durante la Revolución mexicana desconociendo al general Victoriano Huerta, quien usurpó la Presidencia de México luego de los asesinatos del presidente constitucional Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez durante la Decena Trágica. Su carrera militar siempre estuvo ligada con Obregón y Calles.

Arrancó su campaña para presidente de México en junio de 1927, respaldado por el Partido Socialista de Yucatán, el Centro Antirreleccionista, la Alianza de Partidos Antirreleccionistas de los Estados y el Partido Nacional Revolucionario (no confundir con el organismo que fundó años después Plutarco Elías Calles) contra las circunstancias ilegales de la candidatura de su principal contrincante Álvaro Obregón, quien buscaba reelegirse, violando el axioma revolucionario de “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Los dos principales candidatos antireeleccionistas, Serrano y el general Arnulfo R. Gómez, hacen campaña política acusando a Obregón de un sinnúmero de delitos y éste a su vez, se dedica a difamar en sus peroratas a sus contrincantes. Serrano y Gómez planean así aprehender a Obregón, Calles y Amaro durante las prácticas militares que se llevarían a cabo en el Campo Aéreo de Balbuena, pero el plan fracasó.

Serrano se traslada a Cuernavaca, Morelos, en donde festejaba su “santo” y es detenido el 2 de octubre. De acuerdo a testimonios de testigos presenciales, a Serrano y acompañantes, entre los que figuraban los generales Vidal y Peralta, se les recluyó en el cuartel de Cuernavaca con la única orden de mantenerles vigilados, lo cual es corroborado por el hecho de que Serrano y compañeros se encontraban armados y con ciertas comodidades, como era el contar con catres y no estar separados.

La tarde del 3 de octubre se dio la orden de trasladar a los reos a la Ciudad de México. Un poco antes de llegar a Huitzilac, la caravana de coches que llevaba a Serrano —quien viajaba en su automóvil particular— y a sus acompañantes (Carlos A. Vidal, Miguel A. Peralta, Daniel Peralta, Rafael Martínez de Escobar, Otilio González, Carlos V. Araiza, Alonso Capetillo, Augusto Peña, Antonio Jáuregui, Ernesto Noriega Méndez, Octavio Almada, José Villa Arce y Enrique Monteverde) hacia México se encontró con un regimiento de artillería con 300 soldados armados con rifles Thompson bajo las órdenes del general Claudio Fox. Cuando Serrano vio a Fox, le entregó su pistola al capitán García Alcántara, indicándole que “se la guardara por que ya no la iba a necesitar”. Ahí se hizo el intercambio de los prisioneros con la confianza de que serían trasladados sanos y salvos a la Ciudad de México. Una vez en posesión de los prisioneros, Fox hizo que les ataran las manos con alambre de púas y ya en Huitzilac, fueron obligados a bajar de los autos para ser asesinados por orden de Álvaro Obregón, quien en un delirio paranoico[cita requerida] y sospechando una asonada, hizo una purga sangrienta de los rangos militares y mató a quien en otra hora fuera su entrañable compañero de armas.

Las ropas de los muertos presentaban las gradaciones de las balas así como también las señales de las bayonetas. Al general Serrano se le tomó una mascarilla mortuoria en donde se aprecian claramente los golpes y vejaciones de que fue objeto. De esa máscara existen unas cuantas copias, una de ellas en poder del Museo de la Revolución Mexicana.

Los cadáveres fueron conducidos al Castillo de Chapultepec en donde Obregón y Calles dieron cuenta del cumplimiento de las órdenes y más tarde entregados a los deudos.

3 Comentarios

  1. ignacio lorenzo felix rosas
    4 Marzo 2016 09:25 pm

    Cada vez que se lee con mayor profundidad la historia de Obregón y Calles, que criticaban a los bandidos y traidores, dieron catedra de ello.
    Ha sido el más traicionero de todos, mato a todos sus amigos y colaboradores.
    No merece mas que el desprecio histórico.

  2. ignacio lorenzo felix rosas
    4 Marzo 2016 09:26 pm

    Lo reitero, fue el más traidor de todos…

  3. ignacio lorenzo felix rosas
    4 Marzo 2016 09:26 pm

    Gracias…

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