Sección: Casos Cosas y Curiosidades 27 mayo 2016 11:30 pm

Educar en una Sociedad de Consumo

El consumo ha sido, y aún lo es,  un pilar esencial en la estructura de la mayoría de las sociedades del mundo. En la nuestra, desde sus orígenes, es el elemento que media entre los seres humanos y la satisfacción de muchas de sus necesidades. Pero hoy, además, se ha erigido como fuente de una relevante problemática social: el consumismo compulsivo.

Consumo 1

Adquirir vestido, calzado, alimentos… es necesario para poder subsistir, pero muchos otros productos se han convertido, por acción de la publicidad, en “falsos artículos de primera necesidad”. El desarrollo económico de los países occidentalizados favorece que, sobre o no dinero una vez cubiertas las necesidades básicas, los ciudadanos sigan consumiendo.

La sociedad de consumo se encarga de presentar múltiples y variadas oportunidades de gastar “para tener”. Surge el marketing “del tener para ser alguien importante”. De ahí la urgencia de aprender a discriminar entre las distintas opciones, de saber consumir en función de las necesidades reales y de conocer los mecanismos que incitan a entrar en la dinámica del consumismo descontrolado, signo de insatisfacciones en esferas íntimas del ser.

Algunos riesgos de consumir en una sociedad consumista

Consumismo 2

El riesgo más acuciante es dejarse llevar por las campañas de marketing que acompañan a todos los productos del mercado. La publicidad se ha especializado en crear necesidades que no tenemos y otorgarles una prioridad inmediata. Un ejemplo de esto son los anuncios que concluyen con un “Llame ahora” o “¿A qué espera?”. En ellos se aprecia el sentido de pérdida de la oportunidad de tener algo más…

La presión social es otro de los factores a considerar. El hombre necesita sentirse aceptado y vinculado a su grupo social y cultural. En muchas ocasiones para ser aceptado en el grupo de iguales es necesario cumplir unos requisitos: un determinado nivel de vida, una manera concreta de vestir, etc. Esta circunstancia se acentúa en las etapas infantil y juvenil, en las que llevar o no un pantalón de marca puede suponer la diferencia entre integrarse o ser rechazado dentro del grupo de pares.

¿A qué debe aspirarse?

Sopesando riesgos y consecuencias, la educación que la familia y la escuela proporcionan al niño (consumidor en el presente y en el futuro) podría proponerse:

•Crear personas críticas con las influencias de la publicidad y con las del entorno social cercano

•Lograr un equilibrio entre el consumo de productos necesarios y productos accesorios.

•En general, promover un consumo consciente, responsable y reflexivo.

Aprendiendo a consumir en el colegio

La importancia de saber cómo se educa para el consumo en los colegios radica en la necesaria continuidad que este trabajo debe tener en el entorno familiar para que sea fructífero.

“La educación para el consumidor” conforma uno de los llamados “Temas transversales”, es decir, aspectos que se tratan de forma globalizada en lugar de constituir unidades concretas de una materia. Con ello se pretende impregnar a la actividad educativa en su conjunto de estos contenidos.

Alguno de los temas relacionados con el consumo que se abordan en las diferentes áreas son: La publicidad (Ciencias sociales), La alimentación (Conocimiento del medio), La compra (Matemáticas), El juego o cómo jugar sin juguetes (Educación Física), etc.

Aprendiendo a consumir en familia

Consumo 3

Del mismo modo que la escuela, la familia tiene que optar por integrar la “educación para el consumo” en todas las dimensiones del proceso educativo de sus miembros. Con ánimo de mostrar la íntima relación que, en este sentido, hay entre la teoría y la práctica educativa propondremos las siguientes pautas:

•Compartir con los hijos preocupaciones, deseos y posibles aspiraciones sobre aspectos funcionales y organizativos del hogar.

•Dar a conocer los ingresos y los gastos de mantenimiento y funcionamiento de la casa para tomar conciencia de la realidad y de la situación económica familiar para poder plantear soluciones y alternativas que contribuyan a la resolución de problemas cuando éstos se produzcan

•Analizar los gastos, ingresos, deseos…, procurando que niños y jóvenes sean protagonistas en la dinámica familiar.

•Hacer con ellos el presupuesto mensual, la lista de la compra y analizar las necesidades reales y prioritarias

•Descubrir la utilidad de las cosas, el servicio que pueden prestar a otros y la variedad de usos que se le puede dar a los objetos.

•Permitir a los niños y jóvenes que tomen parte en las decisiones familiares, sin decidir por ellos, dando razones que les ayuden a afrontar la presión constante de los medios de comunicación y de la sociedad

Para llevar a cabo estas propuestas es imprescindible un clima familiar abierto y comunicativo, coherente con la educación que queremos dar.

Todo esto se puede acompañar de actividades familiares que pueden resultar más divertidas e igualmente enriquecedoras, como por ejemplo, observar los anuncios televisivos y dialogar sobre ellos con la intención de descubrir la sintaxis de la imagen, la manipulación del lenguaje o el atractivo que añade la música.

Conclusión

La acción más efectiva es educar en valores opuestos y alternativos a los que presenta la sociedad de consumo, de modo que frente a la competitividad deshumanizada se estimule la educación en la solidaridad, la tolerancia y el respeto al prójimo. Frente al “tanto tienes, tanto vales”, educar en los valores del ser, aprender a aceptarse tal como se es: una persona singular y diferente.

Fuente Aguilar Ramos, M.C. Sánchez Rivas, E.

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