Sección: De Todo un Poco 11 julio 2018 04:00 pm

11 de julio, día del minero

 

Cuando el español, hace siglos
Tocó el clarín sonoro, los indios

Se escaparon al fondo de la mina
Y bajo las piedras y nieves cristalinas,
Quedó, como un cofre, guardando sus tesoros
El sol de un nuevo día prodiga sus caricias sobre el campo, y el destino abre ante nuestras vidas nuevos horizontes.
El trabajo en aquella mina continuaba febril, aquel día la gente se mostraba impaciente, era la tarde de un sábado y la gente esperaba ansiosa el pago de aquella semana, se acercaba el 11 de julio, el Día del Minero. Para aquellos hombres era un día de alegría y fiesta.
En los jacales de aquellos hombres ardía la lumbre, y el fogón y el chisporroteo llenaban de penumbras aquellas chozas, los hombres aquellos venidos de diferentes lugares de la república mexicana. Disfrutaban aquel día como un día para ellos de fiesta, la alegría se acentuaba más, porque entre ellos empezaban a circular las botellas de mezcal, traídas por algunos de ellos desde San Luis Potosí, muchos de ellos eran de aquellos lares, otros venidos de Zacatecas; los más eran de las cercanías de aquellas minas, enclavadas en los yacimientos de carbón.
Las mujeres se engalanaban con sus mejores vestidos, y la risa y la algarabía hacía de todo aquello una fiesta.
La celebración del Día del Minero en una mina de carbón del norte de México, todo era risa, todo alegría y felicidad.
¿CÓMO ES EL MINERO?
Cómo definir la personalidad de un hombre que a diario arriesga su vida en el interior de una mina, hombres que aman, sufren, disfrutan y luchan por llevar el sustento a sus hogares, que al terminar el turno y llegar a la salida de la mina y mirar el sol, es mirar y sentir la alegría de vivir. Un hombre me dijo: “¿Sabe, ingeniero, que nosotros los mineros nos parecemos a las minas? ¿Por qué?, fue mi pregunta. “Porque somos como las minas, lo mejor lo llevamos dentro”, y soltó una carcajada en la que noté la sinceridad de aquel hombre, una sinceridad en la que no se notaba la falsedad ni la hipocresía de un mentiroso, al contrario, encontré en aquella risa la alegría de la vida, y comprendí cuán grande es el concepto de aquellos hombres por la mina, ellos saben que arrancar el mineral es robarle a la madre tierra sus tesoros. Así son los mineros, sinceros, valientes y amantes de su trabajo, sabedores de que al entrar al interior de la mina es llegar al punto final de su vida.
LA ALEGRÍA DEL MINERO
Quizás nunca comprenderemos por qué los mineros son tan alegres, se dice que no existe ningún minero que no cante algo en el interior de la mina. El minero es feliz por naturaleza y siempre comparte esa alegría con una canción o con un chascarrillo, un comentario que hará que los demás mineros rían, es una fraternidad que sólo los mineros conocen, el no dejar jamás a un compañero abandonado, el caminar siempre juntos, sentir las alegrías y las tristezas del amigo, es comprender el alma del hombre, desnuda y sin recovecos, quizás porque el minero comprende la grandeza de Dios en su alma y en su entorno, es sentir las vibraciones del Ser Supremo en la soledad de la noche eterna de las minas, es comprender que la señora de las minas es la compañera en nuestra labor, así como se siente al Dador de la vida, también se siente a la muerte como algo tan comprensible y sencillo, sin explicaciones complicadas, es saber que un error nos puede cortar la vida, por eso el minero ríe y canta, porque sabe que puede ser lo último que haga en esta vida.
LEJOS DE CASA
Cuando tuve el privilegio de estudiar la carrera de Geología, siempre fui consciente de que el trabajo a desarrollar nunca sería en las grandes ciudades, ni siquiera en pueblos de mediana importancia, aquel trabajo siempre sería en la soledad de las montañas o, bien, en la inmensidad de los desiertos. A veces aquella soledad nos convierte en seres que amamos el silencio, y comprendemos la grandeza de Dios en sus obras, cuando vemos caer el rayo en medio de la tormenta y cuando vemos cómo germina la vida en medio de la más extremosa sequía, es cuando nos damos cuenta del valor de nuestro trabajo, en lugares donde se realizan exploraciones geológicas no se puede tener a las familias, y no importan las fechas ni los días, es llevar a cabo un trabajo que más tarde será el inicio de operaciones de producción y donde habrán de fundarse pueblos o campamentos donde ya se notará la presencia de la civilización.
Sólo nosotros entendemos por qué regresar a casa cada mes, es comprender por qué nos perdemos la celebración de fechas que en otras partes del mundo celebran como importantes, para nosotros es hacer especiales todos los días que estamos lejos de casa, nosotros aprendemos el valor de una bendición antes de entrar a laborar un turno de trabajo.
Nosotros entendemos la esperanza de volver a casa, y de ver los rostros de los niños y el amor de la esposa que nos espera ansiosa, para nosotros es comprender cómo sobrevivir en las montañas o en los desiertos, a eso y más se le llama ser geólogo minero.
Es ver a los viejos caminar con la frente en alto y con la sonrisa en su rostro porque al término de nuestra vida comprendimos que amamos lo que hacemos, que otros disfrutan lo que nosotros sembramos, es la cosecha que dará alegría a otras gentes y que, como dice en una estatua dedicada a los mineros.
EN HONOR DEL MINERO QUE CON SU ESFUERZO ENGRANDECE EL DESTINO DE MÉXICO
Recordar parte de mi vida, al escribir este artículo, trajo recuerdos que jamás podré olvidar, es reconocer el trabajo de hombres quizás ignorados, pero que con su trabajo y su esfuerzo hacen posible la grandeza de México.
En un comentario recibido el Día del Minero a través de internet, un hombre de empresa de Sabinas, Coahuila, daba las gracias a los mineros porque son ellos los que hacen posible que la Región Carbonífera de Coahuila sea una región próspera y pujante, por eso decía aquel hombre: “Mi reconocimiento a los mineros del carbón por su esfuerzo y se entrega.”
Pero como dice el viejo minero John Silver, felicidades a todos los mineros en su día, y pues, como decía un buen amigo: “Así es esto.”

Fuente www.eldiariodecoahuila.com.mx

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