Sección: Cultura General 15 enero 2019 04:01 pm

Los grandes músicos del Nacionalismo Mexicano

El surgimiento de nuestro país como nación independiente es relativamente muy breve. A través de doscientos años hemos tenido grandes y numerosas experiencias en el ámbito político, militar y social. Sin embargo, en el ámbito musical, hemos atravesado por algunos cuantos procesos artísticos, sobre todo si tomamos en cuenta que las grandes corrientes tardan muchos años en formarse y desarrollarse. México vivió su primer siglo mientras se desarrollaba la época del Romanticismo fundado por Beethoven pero que alcanzaría pleno auge con Chopin, Schubbert y Mendelssohn. Esta música permeaba entre las clases acomodadas citadinas y entre sus compositores: Juventino Rosas, Felipe Villanueva, Ernesto Elorduy y Ricardo Castro.
En los años que precedieron a la Revolución Mexicana brotó en un hombre la semilla que desencadenaría el surgimiento del movimiento musical más importante de la primera mitad del siglo XX: el Nacionalismo Mexicano.
Manuel M. Ponce
Manuel M Ponce (1886–1948) es sin duda alguna el padre del nacionalismo mexicano. Nacido en Fresnillo Zacatecas se mudó a muy temprana edad a Aguascalientes. Aprendió a tocar el piano durante su niñez y, posteriormente, hizo estudios formales de piano y composición a temprana edad en el Conservatorio Nacional de Música. Después continuó su preparación en Italia y Alemania en 1904 y regresó en 1908 a ocupar el puesto que dejara Ricardo Castro en la cátedra de piano del Conservatorio. En 1915 viajó a Cuba y durante su estancia en la Habana surgió en él la necesidad de crear un método que rescatara la música popular, cosa que consideraba muy valiosa y
que debía ser compartida en todo el mundo. En 1918 de regreso en México contrajo matrimonio con Clementina Maurel y fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica de México.
Manuel se convirtió en un compositor controvertido y se dedicó a crear una obra basada en temas tradicionales del folclor, mismo que combinó con las formas del ro
manticismo europeo. En 1925 obtuvo una licencia para viajar a París, lugar donde, al darse cuenta de los avances en las formas de composición, decidió quedarse hasta 1933. Estando allá, Ponce se codeó con los grandes compositores del mundo: Paul Dukas, Heitor Villa Lobos, Nadia Boulanger, Maurice Ravel, entre otros.
A su regreso fue nombrado director del Conservatorio Nacional de Música, fundador de la cátedra dedicada al estudio del folclor nacional en la Escuela Superior de Música de la Universidad y director de la publicación titulada Cultura Musical.
Entre sus canciones, se encuentran: Estrellita, A la orilla de un palmar, Serenata mexicana , Marchita el alma , La pajarera, Una multitud más, Tal vez, Necesito, Lejos de ti, Lejos de ti II, Cuiden su vida, Si alguna vez , Que lejos ando , Si algún ser , Yo mismo no comprendo , Isaura de mi amor , Por ti mi corazón , Marchita el alma , Por ti mujer , Soñó mi mente loca , Tú , Aleluya , Rayando el sol, Cerca de ti, Serenata mexicana.
Manuel M. Ponce compuso para varios instrumentos, entre los que se destacan el piano y la guitarra. Gracias a su cercana amistad con Andrés Segovia, que se encargó de tocar sus obras con completa devoción alrededor del mundo, Manuel Ponce fue el primer compositor mexicano en obtener un verdadero reconocimiento en todo el orbe.
José Pablo Moncayo
Por su parte, José Pablo Moncayo (1912 – 1958) nació en Guadalajara, Jalisco. Fue compositor y director de orquesta y pináculo de la corriente nacionalista que naciera con Ponce y tuviera gran auge con Carlos Chávez y Silvestre Revueltas.
José Pablo se involucró en la música gracias a su hermano mayor que le enseñó los rudimento, posteriormente, estudió piano en su ciudad natal, para luego ingresar al Conservatorio Nacional en la ciudad de México. Tocaba Jazz en algunos lugares para hacerse de dinero y pagar sus estudios. Fue compañero de estudios de Salvador Contreras, Blas Galindo y Daniel Ayala. Los cuatro asistieron a la cátedra de composición de Carlos Chávez en el Conservatorio y fueron de los estudiantes más talentosos. En 1931, durante una presentación de la Sociedad Musical “Renovación”, Moncayo presentó dos de sus primeras composiciones.
En 1932 ingresó a la Orquesta Sinfónica de México en la sección de percusiones. Como incipientes protegidos de Chávez, Moncayo y Galindo tuvieron oportunidad de entablar una amistad con otros grandes compositores como fueron Silvestre Revueltas y Aaron Copland. En 1934, debido al cambio de administración en la federación, Chávez terminó su periodo en la dirección del Conservatorio y la administración entrante cerró la cátedra de composición y dificultó las situaciones para los pupilos del director saliente. De cualquier manera, Moncayo y sus compañeros lograron finalizar sus estudios airosos y bien librados.
En 1941, Carlos Chávez le encargó a Moncayo una nueva obra basada en la música tradicional para ser interpretada en una serie de futuros conciertos. Éste viajó acompañado de Galindo a la ciudad de Alvarado, Veracruz, donde la música folclórica se conservaba en su forma más pura. Estando ahí, recopilaron una serie de melodías ritmos e instrumentaciones obtenidas de los huapangueros de la región. La trascripción fue difícil, pues estos interpretaban los sones de un modo distinto cada vez.
El Huapango de Moncayo fue estrenado el 15 de abril de 1941 en el Palacio de Bellas Artes por la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez.
La actividad artística de Moncayo se siguió desarrollando en el ámbito de la composición y la dirección orquestal. Ocupó el cargo de director de la Orquesta Sinfónica de México y, posteriormente, de la Orquesta Sinfónica Nacional (creada en 1947).
El 16 de junio de 1958, José Pablo Moncayo murió en su casa en la avenida Ámsterdam, poco antes de su cumpleaños 46. Junto con él, terminó el periodo del nacionalismo Mexicano fundado en los ideales de la Revolución. Su legado fueron un sin número de piezas para piano, música de cámara, una opera, algunas obras sinfónicas y el monumental Huapango, fantasía sinfónica basada en tres sones veracruzanos (“El Siquisiri”, “El Balajú” y “El Gavilancito”).

Fuente https://paperamzwriter.wordpress.com

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