Sección: Cultura General 21 marzo 2019 05:00 pm

21 de marzo de 1806 – Aniversario del natalicio de Benito Juárez

 Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806, en el seno de una familia indígena de San Pablo Guelatao, Oaxaca, pueblo de origen mixteco-zapoteco enclavado en la Sierra Madre Occidental; y murió el 18 de julio de 1872 en la Ciudad de México. Abogado de formación y político por vocación fue gobernador de Oaxaca en varias ocasiones, secretario de Estado, presidente de la Suprema Corte de Justicia y presidente de la República por 14 años. Pero más que recordar los detalles de su biografía, por casi todos conocida, en esta ocasión haré referencia al período del 14 de febrero al 20 de marzo de 1858, en que Guadalajara se convirtió en refugio del presidente Juárez y sede del Poder Ejecutivo Federal que, con la desaparición del Congreso de la Unión, se erigió como único poder constitucional legítimo al inicio de la Guerra de tres años o Guerra de Reforma.
El conflicto inició después de que Ignacio Comonfort tomó posesión como presidente electo de México, el 1º de diciembre de 1857 y Benito Juárez, que era Ministro de Gobernación, fue nombrado también presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Comonfort, delante de Manuel Payno, le dijo a Juárez que pensaba cambiar el rumbo de la política nacional, con su programa “Libertad y Religión”, a lo que éste último le respondió “te deseo muy buen éxito y muchas felicidades en el camino que vas a seguir, pero yo no te acompaño en él”. Esta decisión fue aprovechada por los conservadores encabezados por Félix Zuloaga, quienes el 17 de diciembre idearon el Plan de Tacubaya, dado a conocer por medio de bando – ordenanza que se imprimía y daba a conocer a las otras instancias-  el 20 del mismo mes. Consecuentemente, Juárez fue detenido e incomunicado.
Se desconoció la Carta Magna y se otorgaron facultades extraordinarias al ejecutivo. El Congreso y algunos estados desconocieron al presidente. Los conservadores violaron el acuerdo, por lo que Comonfort decidió exiliarse, no sin antes dejar en libertad a Juárez, que se dirigió a Guanajuato. Con la renuncia de Comonfort y acorde a lo previsto en la Constitución, Juárez, automáticamente, se convirtió en Presidente interino.
El avance y la cercanía de las fuerzas conservadoras lo obligaron a trasladarse a Guadalajara el 13 de febrero, por expresa invitación del congreso local, así como el Ejecutivo y la mayoría de la sociedad tapatía, que repudiaron el Plan de Tacubaya. De esta forma, Jalisco encabezaba un proyecto de coalición con los estados de Aguascalientes, Colima, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Querétaro y Zacatecas, para hacer frente a la crisis en la política nacional y apoyar los poderes constitucionalistas, dirigido por el gobernador del Estado, Anastasio Parrodi, quien fue nombrado general en jefe del ejército federal. Este último marchó hacia la capital mexicana con un gran contingente, dejando a Jesús Camarena como interino.
El gobernador Camarena puso a disposición de la comitiva presidencial el Palacio de Gobierno de Jalisco, convirtiéndose así en sede del Poder Ejecutivo Federal; y el Ejecutivo Estatal se trasladó al edificio del Ayuntamiento de Guadalajara.
Menos de un mes les duró la tranquilidad a los huéspedes, hasta que llegó la noticia de la derrota de las fuerzas constitucionalistas acaecida el 10 de marzo cerca de Salamanca, por el ejército conservador, bajo las órdenes de los generales Miguel Miramón, Francisco G. Casanova, Luis Moreno y Tomás Mejía. Hecho que motivó a los conservadores tapatíos a actuar. Fue convencido el coronel Antonio Landa, jefe del 5º batallón de línea (encargado de la guardia de honor presidencial), para que apresara a los jefes liberales. Para ello, el 13 de marzo, al hacer el cambio de guardia, al grito de ¡Viva la religión! capturó a todo el gabinete presidencial, que también habitaba en Palacio, y a algunos empleados, siendo casi 80 personas que fueron conducidas al salón de sesiones del Congreso. Al mismo tiempo fueron liberados alrededor de 500 presos de la cárcel anexa, individuos que se dedicaron a realizar toda clase de tropelías en el inmueble y fuera de él.
Los leales al gobierno rodearon el Palacio y la lucha se generalizó. Mientras afuera se realizaban combates, dentro, el presidente Juárez y su gabinete era objeto de vejaciones. Antonio Landa, ante el temor de no poder sostener más la revuelta, pidió a Juárez que ordenara el cese al fuego, lo que éste no aceptó. El día 14 cesaron las hostilidades y se convocó al diálogo; más como no todos estaban enterados de la tregua, Miguel Cruz Aedo, que estaba parapetado en el convento de San Francisco, intentó tomar Palacio para liberar a los cautivos, por lo que este acto fue tomado como traición por parte de los rebeldes, quienes intentaron matar a los prisioneros. Aunque el hecho fue recogido por diversas fuentes, no quedó clara la forma como se desenvolvieron los hechos ese día, solo el resultado favorable a los cautivos.
Narran las crónicas que el capitán Peraza, que custodiaba a los prisioneros, ordenó a su subalterno de que pasara por las armas a los rehenes; Filomeno Bravo acompañado de 20 hombres entró al recinto dispuesto a cumplir la orden, causando pánico entre los que se encontraban ahí, quienes intentaron refugiarse en las habitaciones contiguas. El presidente Juárez con aparente calma los encaró, pero el ministro de Hacienda, Guillermo Prieto se interpuso entre ambos y les gritó unas palabras a los verdugos que los hicieron desistir: “¡Levanten las armas!, ¡levanten las armas!, ¡los valientes no asesinan!; ¿quieren sangre?, ¡bébanse la mía! “.
Al respecto, don Benito narró: “El día 13 se sublevó la guardia de Palacio y fui hecho prisionero de orden de Landa, que encabezó el motín. El día 15 salí en libertad”.
El batallón desistió de su propósito, saliendo del salón, pero siguieron en guardia hasta que se retiraron los asaltantes. Al reanudarse las pláticas, se acordó que Landa se retiraría de la plaza; se otorgaría la amnistía y se liberaría a los prisioneros. Dada la magnitud de los hechos fueron pocos los muertos (alrededor de 50), pero los daños materiales fueron incalculables, sobre todo los destrozos al Palacio de Gobierno.
El 17 de marzo comenzaron a llegar las fuerzas constitucionalistas, diezmadas y desmoralizadas, por lo que don Benito, decidió abandonar Guadalajara el día 20, junto con sus ministros, en busca de un lugar más seguro para instalar su gobierno. Tomaron rumbo a Colima, pero a su paso por Acatlán -de Juárez-, estuvo a punto de ser capturado por Landa, y gracias al párroco del lugar, don Melitón Vargas y a un grupo de vecinos, pudo evitarse. De Manzanillo salió rumbo a Veracruz, lugar estratégico, no lejos del centro y con recursos provenientes de los impuestos a las mercancías que pasaban por la aduana. Situación que le proporcionaba cierta estabilidad para tomar las decisiones políticas y de guerra que necesitaba el rumbo del país.
En estos tiempos tan aciagos de infinidad de conflictos, cobra especial vigencia la frase: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, palabras célebres pronunciadas por el prócer unos años después, tras el derrocamiento del Segundo Imperio; pues le tocó protagonizar una de las etapas más difíciles e importantes en la historia de México, quien como gobernante supo paliar las dificultades de una guerra civil y la intervención extranjera, cuyas decisiones fueron determinantes para consolidar el régimen republicano.

Fuente udg.mx

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