Sección: De Todo un Poco | Hoy te recomendamos 31 agosto 2019 04:00 pm

Cómo evitar que el miedo te paralice

 La verdad es que a veces el miedo nos paraliza y por su culpa dejamos de hacer cosas que nos gustarían. Posiblemente en la mayoría de los casos somos conscientes de esto. Sin embargo otras veces ni siquiera lo advertimos.
Son diversos los factores subyacentes a la actitud del miedo, pensamientos como el temor a que dañen nuestra autoestima, al “qué dirán”, a si lo intentamos y no lo logramos, a que se rían de nosotros, a que nos juzguen, a fallar a alguien, etc.
Esto sucede porque basamos nuestro valor en la opinión o en los juicios de otras personas.
No obstante, y antes de continuar, no debemos olvidar que tener miedo no es necesariamente malo, ya que es una parte natural de nuestras vidas. Lo malo es cuando a menudo nos incapacita y nos impide alcanzar nuestro máximo potencial.
Algunas veces éste nos lleva a un estado que nos impide que funcionemos de manera adecuada y apropiada. Quizás sean los instintos de supervivencia los que comienzan a reaccionar a partir de nuestros niveles más básicos de forma exagerada.
Entonces, en su lugar deberíamos utilizar nuestras capacidades mentales para decir “hasta aquí” o “me voy a exponer a lo que temo” o “haré lo que quiero”, está en nosotros, en nuestra actitud y en nuestra mente neutralizar al miedo.

Tampoco debemos dejar de lado que las dudas o el temor pueden depender en gran medida de nuestras diferencias individuales y del grado de confianza en nosotros mismos. Estos son conceptos similares y que pueden ser el producto de experiencias de frustración vividas con anterioridad y posiblemente inervadas con nuestra predisposición genética a actuar en algunos terrenos.

No tenemos que sentirnos raros por creernos con menos valor que otras personas hacia algunos objetos.  Si nosotros no disponemos de las habilidades para superar los inconvenientes u obstáculos que nos dominan o impiden actuar, os aseguro que se pueden aprender y desarrollar.
Desde siempre me han llamado la atención algunos paradigmas psicológicos que ya advertían sobre la influencia del entorno en nuestras conductas, tales son el condicionamiento clásico de Pavlov (objetos o situaciones que en principio no afectan a la conducta y que al final sí acaban influyendo, por tanto, se dejan de hacer cosas por las sensaciones que éstas nos trasmiten)
La Indefensión Aprendida de Seligman (no hago esto por miedo a… Así que, mejor no hago nada, me quedo quieto) o el de la Disonancia Cognitiva de Leon Festinger (miento para no aceptar la realidad).
Y así es, a veces nos escondemos tras pretextos, excusas o disfraces para no hacer lo que realmente nos apetece o queremos. Nos ocultamos tras trabajos, relaciones o actitudes “perfectas” para protegernos de miedos o conflictos internos que no afrontamos.
 Al final el miedo nos hace que construyamos una vida, una personalidad con la que ocultar nuestros temores, huimos del miedo así, no somos felices pero…”vamos pasando la vida que no es poco” pensamos.
Aunque si reflexionamos, mientras estamos centrados en nuestras conjeturas, recuerdos o rumiaciones nos perdemos lo más importante, nuestra propia vida y quizás otras, las de las personas que realmente nos importan.
Probablemente, la opción más complicada pero no la menos importante es ir aceptándonos y por tanto enfrentándonos a nuestra realidad, a nuestros miedos.
Debemos reflexionar sobre qué es lo que nos detiene, y una vez que lo sepamos, necesitamos exponernos a “eso” con la intención de superarlo.
Como casi en todo es mejor fluir, no debemos intentar sortear el temor, es decir, tendremos que exponernos a nuestros “monstruos” para hacer lo que realmente nos gusta, ya que cada vez que evitamos hacer algo por inseguridad o timidez, nuestro miedo se hace más fuerte y por tanto este regresa para hacer que aparquemos de nuevo el desarrollo de nuestras capacidades, que nos detengamos.
Esto no es fácil de hacer, pero tranquilamente y en calma debemos ir comprendiendo qué nos turba, y teniendo en cuenta nuestras cualidades o posibilidades, necesitamos superar, reparar o simplemente dejar ir a nuestros temores.
No tenemos que decirnos “ya no tengo miedo” o “no temo al fracaso” si en realidad pensamos lo contrario, asumo que es terapéutico aceptar el desaliento.
Si nos sentimos vulnerables debemos aceptarnos como tal, no somos perfectos, ni nadie es perfecto, no debemos vivir en el condicional del “qué pasaría si”, vamos a intentar probar a hacer lo que queremos, a ver qué pasa. Al actuar, al exponernos a nuestros miedos es como los podemos ir superando.
POR JOSÉ CALERO TERCERO

Fuente psicocode.com

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