Por ello, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos nos menciona estos posibles desencadenantes de intolerancia al frío:

  1. Anemia.
  2. Anorexia nerviosa.
  3. Problemas de los vasos sanguíneos.
  4. Enfermedad crónica.
  5. Mala salud general.
  6. Tiroides poco activa.
  7. Problemas cerebrales.

RECUERDA: La temperatura de tu cuerpo está regulada por varios sistemas diferentes. Una parte del cerebro llamada hipotálamo actúa como el termostato de tu organismo para regular la temperatura corporal. Esta envía mensajes al cuerpo que regulan la producción de calor o las formas de enfriarlo.

El hipotálamo también dirige la glándula tiroides para aumentar o disminuir el metabolismo de tu cuerpo. La tiroides es una parte crucial de esta regulación. Tiene que estar funcionando correctamente para quemar calorías en el cuerpo y, de esa forma, crear calor y combustible. Tu flujo sanguíneo, que ayuda a difundir el calor, y tu grasa corporal, que ayuda a mantenerlo, también son importantes. La intolerancia al frío puede ser el resultado de problemas con uno de estos procesos o con ambos.

Por último, si tienes intolerancia al frío a largo plazo o grave, es recomendable que te comuniques con tu médico a la brevedad.

Vía: ClikiSalud